¿Invadimos Rusia?

Ya tuvimos esta conversación. Tú ibas vestido de soldado raso, yo de Napoleón, e invadimos el metro con risas que, obviamente, nadie más entendía. Te pregunté ¿dónde vamos? Y tú improvisaste un “no lo sé” repleto de carcajadas por las que hubiera sido capaz de iniciar la tercera guerra mundial. Llevábamos tiempo planeando el ataque, miles de noches en vela creando una estrategia capaz de derribar fronteras como los prejuicios de quien no ve más allá de su propia nariz. Los prejuicios son muros y la risa tiene cuello de jirafa. Decías, y el uniforme te sentaba tan bien que ni un ejército de ineptos hubiera sido capaz de lanzar por los aires unos sueños que vuelan sin helio, sueños aerostáticos que conquistan lunas rusas y hasta en la estepa ondea una melódica bandera.

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¿Por qué Rusia? Te pregunté cuando en un arranque de valentía escribiste que ese, y no otro, era tu destino. ¿Por qué Rusia? Repetí y puse atención a estas palabras. Porque nadie ha podido con ella. ¿Y qué te hace pensar que tú sí? Dije con los brazos caídos y la mirada perdida. Porque yo, nosotros, fíjate, que no somos como nadie, siempre estamos de acuerdo en casi nada y aún así está bien. Verás, no estoy diciendo que nadie más pueda hacerlo, Invadir Rusia, solo que tú y yo también y sobre todo, porque sabemos como. ¿Lo sabemos? Dije y pensé ahí va mi héroe. Sí. Lo sabemos. Hay que hacer que llueva. Pero aún es Invierno. Repuse. Y sin embargo seguimos de camino, dijo, y lo pretendemos, pretendemos este asesinato. Muchos dirán que el único que muere en todo esto es uno mismo, pero no me considero cadáver. Porque hay quien respira aire y quien, aparte, necesita un poco más. Aunque a veces ese algo más duela, solo son cicatrices. No es una invasión normal y corriente, porque en esta invasión no muere nadie, aunque alguno esté empecinado en caer al primer disparo y lograr honores de batallas ficticias. Esta invasión salva vidas. Esta canción coge de la mano.

El metro vaciaba de gente las paradas y todos, con excepción de algún soldado más vestido de paisano, nos miraba con las cuencas vacías de intención. Esperando quizá algún disparo. Son peligrosos los soñadores. Pensaba y mi espada es en realidad un entresijo de ideas.

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Rusia es eso que la vida te plantea, es ese horizonte que uno es capaz de ver a lo lejos, es eso que te da frío y sed, es la creatividad, la ilusión, las ganas, y también el miedo. Es eso que alguien criticará, que alguien no será capaz de entender, es eso por lo que te amarán, te envidiarán, e intentarán destruirte, anularte, juzgarte, herirte. Pero, ¿sabes? Una vez conquistas Rusia o la sonrisa de una simple persona, ya se es inmortal.

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Y aún quedaban muchas paradas hasta llegar al destino.

Pero no nos importa.

Invadamos Rusia.

Marina Kahlo.

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