Entonces viceversa

-Ya lo hemos hablado muchas veces. Es mi decisión.
-¿Acaso no piensas en mí?
-En serio, dejemos este tema. Ya está decidido.
-¿No puedo hacerte cambiar de opinión?
-Te doy una última oportunidad. Te dejo escoger una última palabra que consiga disuadirme.
-El problema es que creo que no hay ninguna capaz de expresar lo que pretendo.
-Alguna tiene que haber.
-No, no hay ninguna. Creo que todavía no se ha inventado. Y eso que mira que hay palabras.
-¿Tampoco en francés?
-Ni siquiera en checo.
-¿Y no has pensado utilizar alguna que ya exista…?
-Lo he intentado. Lo que pasa es que considero que la palabra tostadora no describe todo lo que pretendo decirte.
-Podría ser peor y que me dijeras toallita desmaquillante. No sabría cómo reaccionar a esa declaración de amor.
-¿Y si te digo que no encuentro ninguna palabra porque todas te pronuncian?
-Te diré que no me encuentro parecido alguno con un abrelatas y que me ofende que me llames báscula cuando sabes que es un problema de retención de líquidos.
-No quiero que te vayas.
-No creo que sea casualidad que a ti  tú odies volar y yo la mantequilla.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Que fue por eso por lo que me fijé en ti cuando dijiste ornitorrinco.
-¿Qué ha pasado para que ya no lo hagas?
-Imagino que ya no me hace falta odiar la mantequilla para ser feliz.
-Sigo sin querer que te vayas. Puedo vivir sin ti. Pero no quiero.
-Esa frase se la inventó un fumador para defenderse de sus amigos sanos.
-Entonces viceversa.

¿Invadimos Rusia?

Ya tuvimos esta conversación. Tú ibas vestido de soldado raso, yo de Napoleón, e invadimos el metro con risas que, obviamente, nadie más entendía. Te pregunté ¿dónde vamos? Y tú improvisaste un “no lo sé” repleto de carcajadas por las que hubiera sido capaz de iniciar la tercera guerra mundial. Llevábamos tiempo planeando el ataque, miles de noches en vela creando una estrategia capaz de derribar fronteras como los prejuicios de quien no ve más allá de su propia nariz. Los prejuicios son muros y la risa tiene cuello de jirafa. Decías, y el uniforme te sentaba tan bien que ni un ejército de ineptos hubiera sido capaz de lanzar por los aires unos sueños que vuelan sin helio, sueños aerostáticos que conquistan lunas rusas y hasta en la estepa ondea una melódica bandera.

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¿Por qué Rusia? Te pregunté cuando en un arranque de valentía escribiste que ese, y no otro, era tu destino. ¿Por qué Rusia? Repetí y puse atención a estas palabras. Porque nadie ha podido con ella. ¿Y qué te hace pensar que tú sí? Dije con los brazos caídos y la mirada perdida. Porque yo, nosotros, fíjate, que no somos como nadie, siempre estamos de acuerdo en casi nada y aún así está bien. Verás, no estoy diciendo que nadie más pueda hacerlo, Invadir Rusia, solo que tú y yo también y sobre todo, porque sabemos como. ¿Lo sabemos? Dije y pensé ahí va mi héroe. Sí. Lo sabemos. Hay que hacer que llueva. Pero aún es Invierno. Repuse. Y sin embargo seguimos de camino, dijo, y lo pretendemos, pretendemos este asesinato. Muchos dirán que el único que muere en todo esto es uno mismo, pero no me considero cadáver. Porque hay quien respira aire y quien, aparte, necesita un poco más. Aunque a veces ese algo más duela, solo son cicatrices. No es una invasión normal y corriente, porque en esta invasión no muere nadie, aunque alguno esté empecinado en caer al primer disparo y lograr honores de batallas ficticias. Esta invasión salva vidas. Esta canción coge de la mano.

El metro vaciaba de gente las paradas y todos, con excepción de algún soldado más vestido de paisano, nos miraba con las cuencas vacías de intención. Esperando quizá algún disparo. Son peligrosos los soñadores. Pensaba y mi espada es en realidad un entresijo de ideas.

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Rusia es eso que la vida te plantea, es ese horizonte que uno es capaz de ver a lo lejos, es eso que te da frío y sed, es la creatividad, la ilusión, las ganas, y también el miedo. Es eso que alguien criticará, que alguien no será capaz de entender, es eso por lo que te amarán, te envidiarán, e intentarán destruirte, anularte, juzgarte, herirte. Pero, ¿sabes? Una vez conquistas Rusia o la sonrisa de una simple persona, ya se es inmortal.

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Y aún quedaban muchas paradas hasta llegar al destino.

Pero no nos importa.

Invadamos Rusia.

Marina Kahlo.

Té quiero

1 ESC. CAFETERÍA
(Hombre y mujer sentados frente a frente en una cafetería.Están en mitad de una conversación trascendental)

JOSE
Lo que quiero decir es que el ser humano basa su existencia en una soberana gilipollez.

SANDRA
La muerte no es ninguna tontería, es normal que el ser humano quiera saber qué hay más allá.

JOSE
¿Más allá de qué? La vida del ser humano gira entorno a la estúpida pregunta de qué hay después de la muerte. Eso es como preguntarse qué hay después del final. Después del final no hay nada, si no no sería el final.

woodygrande

SANDRA
Pues yo prefiero los finales abiertos…

JOSE
Eso explicaría…

SANDRA
(Algo irritada.)
¿Qué explicaría?

JOSE
Muchas cosas, explicaría muchas cosas…
(Guardan silencio. JOSE mira el reloj. SANDRA busca en su bolso el paquete de cigarros.)

SANDRA
Mierda de Ley anti tabaco, ahora mismo quedaría tan romántico encenderme un cigarro y lanzar el humo sobre tu cara…

JOSE
Sobre todo si la película fuera en blanco y negro.

SANDRA
¿Te imaginas? Yo llevaría una pamela como un campo de fútbol y tú una pajarita muy cursi.

JOSE
Estarías preciosa.

SANDRA
¿Tú crees? Siempre he pensado que me quedan fatal los sombreros, tengo la cabeza gorda.

JOSE
No digas tonterías.

SANDRA
No las digo, la tengo como un balón de pilates.(hace gesto con la mano)

JOSE
(Mira el reloj)
Bueno, dime, ¿cómo se lo tomó?

SANDRA
¿Cómo se tomó qué el quién?

JOSE
¿Cómo que el qué quién?

SANDRA
A veces no te entiendo cuando hablas.

JOSE
Pues qué va a ser… (mira a SANDRA fijamente) ¿No se lo dijiste? No me
digas que tú no…

SANDRA
(Llama al camarero)
¿Qué quieres tomar? Tengo la lengua seca desde que hemos entrado. Estos camareros incompetentes, deberían tener algún tipo de estudios. Se debería crear una carrera universitaria para hacer más eficientes a los camareros. Se vuelven todos lentos como tortugas, ¿no te lo parece? CAMARERO (llama al camarero) Por favor nos pones.. vaya, no sé lo que me apetece ¿qué te apetece, querido? Se me ha olvidado por completo lo que quería pedir, has tardado tanto.. una eternidad, casi mil años, mira tengo arrugas por toda la cara (las enseña).

JOSE
(Mira algo sorprendido SANDRA)

Yo tampoco lo sé, no lo tengo claro.

SANDRA
(al camarero)
Aún no lo sabemos, ¿puede volver en un par de minutos? Pero no tarde. Esté pendiente de nosotros. Yo le aconsejo que nos mire con el rabillo del ojo.

JOSE
(Volviendo al tema de antes)
No se lo has dicho. Me dijiste que lo harías. Yo lo he hecho… esta mañana, y ha sido un drama…

SANDRA

¿Como en Casa blanca?

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JOSE
No me cambies de tema.

SANDRA

Está bien, está bien… Se me ha olvidado. Se lo iba a decir, pero de repente ha llamado el del gas y me ha dicho que la semana hay revisión y yo he pensado que no había comido pescado desde el lunes pasado y claro eso me ha hecho recordar que mañana tengo ginecólogo porque últimamente tengo una menstruación muy irregular, que yo creo que es por los microinfartos que me dan al verte.

JOSE
¿De verdad te dan microinfartos?

SANDRA
Sí, hay veces que creo que me voy a desmayar o que me voy a morir y por eso siempre llevo calcetines emparejados. No quiero que la última imagen que tengan de mí sea
tan ridícula. Es decir, que nadie me recuerde como la que no sabe emparejar calcetines. (Se enciende el cigarrillo) Por cierto, ¿cómo fue?

https://www.youtube.com/watch?v=eMo2p70b4KA

JOSE
Eh, bien, bueno, no, mal, un drama. Un dramón, vaya. Ha llorado mucho y
luego me ha lanzado cosas… está muy fuerte, nunca habría imaginado que pudiera levantar el sofá cama con esa facilidad. ¿Por qué no lo has hecho? Creí que los dos estábamos de acuerdo en esto.

SANDRA
Y lo estábamos.

JOSE
¿Por qué utilizas el pasado imperfecto?

SANDRA
¿No es el indefinido?

JOSE
No, ese sería “estuvimos”.

SANDRA
Siempre me ha gustado esa faceta tuya tan repelente e intelectual,
te falta la pajarita cursi, querido. Dile a Sam que toque otra.

JOSE
Está sonando Norah Jones.

SANDRA
¡OH! Qué desdichado es el destino e inoportuna la Kiss Fm.

JOSE

¿Y qué haremos ahora?

SANDRA
No me desagrada tanto Norah Jones, es pegadiza la canción. No te
pongas así, solo dramatizaba un poco.

JOSE
(Desquiciado)
¡No! Me refiero a nosotros. A nuestra huida.

SANDRA
(Inocente)
Siempre nos quedará París.

JOSE
¡Pero qué coño dices! Íbamos a irnos a Roma.

SANDRA
¿Roma? Pues no sé por qué escuché que nos íbamos a París, pues yo ya me he comprado un vestido para ira la Ópera y es muy caro…

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JOSE
Pero si ni siquiera has roto con tu novio…

SANDRA
Bueno, le iba a enviar una postal desde Montmatre.

JOSE
¿Es que no me quieres?

SANDRA
Claro que te quiero. Cómo no voy a quererte. Si vieras las ganas que tengo de subir a la Torre Eiffiel…

JOSE
¿Y por qué no se lo has dicho?

SANDRA
Por que le partiría el corazón. Y yo por nada del mundo le haría eso al amor de mi vida.

JOSE
¿El amor de tu qué?

SANDRA
Oh, querido… ¿no te lo había dicho? Soy tan olvidadiza, el otro día se me olvidó decirle a mi madre que iba a cenar y tuvo que descongelar pollo a última hora.

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JOSE
Pero ¿por qué estás conmigo? Si tú, tú… sí es el amor de tu vida…

SANDRA
Porque me recuerdas tanto a él…

JOSE
(Incrédulo)
¿Que te, que te recuerdo a tu novio? Joder…

CAMARERO
¿Ya saben lo que van a tomar?

JOSE
(Mira embobado a SANDRA)
Te quiero.

CAMARERO
(Extrañado)
¿Qué?

JOSE
TÉ, que quiero té.

SANDRA
A mí se me hace algo tarde. He quedado.

JOSE
(Nervioso)
¿Has quedado? ¿Con quién? Pero hoy íbamos a huir…

SANDRA
¿En serio? ¿Hoy? ¿No era ayer? Es que a veces no te entiendo cuando hablas. Disfruta del té sin mí.

CAMARERO
(Mirando la carta)
No me queda de ese.

JOSE
(La mira alejarse)
Entonces que sea solo.

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Poco nuclear

ESC.0 INTERIOR RESTAURANTE
Dos mujeres cenando y hablando.
MUJER 1
Es como caer de un quinto piso o como perder las llaves o como cuando no coincide el sonido y la imagen en una película que te mueres por ver.
MUJER 2
Peor es no poder nombrar tu nombre en ningún idioma.
MUJER 1
Siempre nos quedará el braile.
MUJER 2
¿Tan ciegas estamos?
MUJER 1
No lo sé, pero yo te veo mucho.Demasiado. Y eres bonita.

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MUJER 2
¿Demasiado?
MUJER 1
Sí, pero bueno, tampoco pasa nada.Duele más un orzuelo.
MUJER 2
¿Más que qué?
MUJER 1
Más que pagar demasiado por un vestido que no sienta tan bien como juraba la dependienta o más que el amor.
MUJER 2
¿Es peor el amor que el primer día a dieta?
MUJER 1
Eso dice la poesía.
MUJER 2
La poesía nunca sabe lo que dice.
MUJER 1
Y sin embargo, lo hace mejor que nadie.
MUJER 2
Porque nadie es tan explícito como se cree.
MUJER 1
Eso lo dices porque te da vergüenza pedir la hora.
MUJER 2
Lo que me asusta de pedir la hora es que la gente huya. Como huiste tú.
MUJER 1
Tenía mis motivos.
MUJER 2
¿Cuales eran?
MUJER 1
Que fueras un bonsai o que no te impresionaran realmente mis gafas de bucear.
MUJER 2
Me encantan tus gafas de bucear.
MUJER 1
Eso es porque eres un bonsai raro.
MUJER 2
Un bonsai de descampado.
MUJER 1
Eso no quita lo importante.
MUJER 2
¿Qué es lo importante?
MUJER 1
Que podrías romperme el corazón en cualquier momento. A veces, cuando te veo llegar, te imagino como un ejército entero con tanques y todo eso viniendo a por mí. De frente, pero con falda.

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MUJER 2

¿Me queda bien, la falda?

MUJER 1
Mejor que a cualquier maniquí de la avenida.
MUJER 2
Nunca imaginé que se pudiese romper un corazón solo con mirarlo.
MUJER 1
Debe de ser alguna fórmula matemática. Pero siempre he sido más de no saber contar. Así que no puedo estar segura.
MUJER 2
¿Y duele?
MUJER 1
Un poco, aunque supongo que un tiro en la espinilla es peor.Por eso me da miedo volar. Los aviones son cañones.

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MUJER 2
¿Y si te cojo de la mano?
MUJER 1
Se me afloja el arnés y entonces es cuestión de probabilidad morir.
MUJER 2
También no hacerlo.
MUJER 1
Sí, pero en tal caso, ¿qué haríamos?
MUJER 2
No lo sé. Nunca he sobrevivido a una guerra tan poco nuclear.
MUJER 1
Yo creo que es mejor así.
MUJER 2
¿Así como?

MUJER 1
Así. Tú a ese lado de la mesa, bebiendo agua con gas aunque realmente preferirías zumo de piña con pulpa y sin saber qué hora es. Y yo, aquí, quitando los trozos de brócoli de mi plato a sabiendas de que me lo tengo merecido por no leer nunca la carta hasta el final, y pensando si el problema está en que hago demasiados tic tacs para tu gusto.

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MUJER 2
Quizá el problema está en que contigo lo de menos es saber el día y la hora. Ni siquiera el mes. Fíjate que hoy no sabía muy bien si ponerme o no bufanda. Dudo de si estamos en agosto o diciembre.
MUJER 1
Solo sé que puede llover de un momento a otro. Por eso siempre llevo encima dos revólveres cargados.
MUJER 2
¿También te asusta la lluvia?
MUJER 1
Solo detrás de las puertas cerradas.
MUJER 2
¿Y si te pido, por favor, que abras la mía?
MUJER 1
Abriría la ventana.
MUJER 2
Eso no me salva de las caída.
MUJER 1
Ni de las picaduras de mosquito en verano.
MUJER 2
Supongo que no se puede tener todo.
MUJER 1
Y sin embargo hay una canción para cada momento.
MUJER 2
Ahora, por ejemplo, ¿qué debería sonar?
MUJER 1
Patient Love de The passenger.
MUJER 2
Siempre pensé que esa era más para cortar zanahorias.
MUJER 1
¿Y entonces Neil Young?
MUJER 2
Neil Young son muchos besos tristes.
MUJER 1
Últimamente hasta la risa me entristece.
MUJER 2
Eso es porque escuchas demasiado a Norah Jones.
MUJER 1
Eso es porque te pienso demasiado y me sobran canciones para los
momentos que no hemos vivido.

MUJER 2
Solo tienes que pedírmelo.
MUJER 1
¿Serviría para algo?
MUJER 2
Sí.Quizá para salvarnos.
MUJER 1
¿Realmente quieres salvarte?
MUJER 2
Sí, porque no hablo siete idiomas aunque sé lo que es un Flammenkuchen y porque me sé de memoria el mapa de carreteras provinciales de aquí a Madrid y lo mucho que te pienso cuando apago la luz de la mesita.
MUJER 1
Pero eso no es un error.
MUJER 2
El error es que no hay nadie más aparte de un cojín demasiado blando y las contracturas en el cuello me recuerdan a ti.
MUJER 1
Eso no tiene sentido.
MUJER 2
Es lo más lógico que he dicho en mi vida. Eso y que los chinos se parecen mucho unos a otros aunque ahora no viene al caso.
MUJER 1
¿Entonces es legítimo bailar mal y odiar la comida pre-cocinada si sirve para que sonrías?
MUJER 2
Tanto como idealizarnos.
MUJER 1
Se me da fatal inventarte.

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MUJER 2
Pues no lo hagas.
MUJER 1
Es que siempre viene bien tener dos ombligos.
MUJER 2
No sirve para hacer muchas cosas.
MUJER 1
¿Muchas cosas como qué?
MUJER 2
Como doblar las sábanas o calentar agua para el té, como hacer una transferencia bancaria o llamar a casa por navidad. Tampoco sirve para tenerte.
MUJER 1
Y sin embargo, también se pueden hacer muchas cosas sin mí.
MUJER 2
Sí, por ejemplo echarte de menos.
MUJER 1
Siempre podemos hacer una cosa.
MUJER 2
¿Qué cosa?
MUJER 1
Podemos convertirnos en guión y apuntar mal para que las heridas sepan mejor. Que desangrarse sea una opción tan válida como las palomitas con sal en el cine. Y que
besarse sea inevitablemente cicatriz en primera línea de playa.
MUJER 2
No.
MUJER 1
¿No?
MUJER 2
No.
MUJER 1
No…

Algo de imaginación

 

–Disculpe, ¿podría decirme si ha visto por aquí a una chica morena con melenita?

–¿Una morena con melenita? Lo siento, pero hay muchas chicas morenas con melenita.

–Ya, sí, tiene razón. Pero esta es diferente al resto, ¿sabe? Es una chica morena con melenita especial.

–Lo siento, pero que sea especial o no no la distingue del resto de morenitas. Dígame, ¿sabe cómo va vestida?

–Me dijo que llevaría un chaqueta roja.

–¿Roja?

–Roja como la sangre, sí.

–¿Es que nunca antes ha visto a esta chica?

–Sí. No, es decir. La he visto antes, sí. La veo todos los días. Pero nunca me acuerdo de ella.

–¿No se acuerda de ella? ¿Cómo puede ser que no se acuerde de ella si la ve todos los días?

–Es algo complejo de explicar.

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Dejó al repartidor de papeletas y se dirigió a un banco que había cerca para sentarse a esperar a la chica morena con melenita. Era un día gris. Hacía dos días que en el cielo no se asomaba ni una pestaña del sol, que se estaba dando una vacaciones más que merecidas. Quizá, por las fechas, se ha ido a esquiar. Pensó Matías. Y, sin embargo, no tenía especialmente frío. Era una calle concurrida. El tráfico bailaba coordinado la coreografía de la rutina, los semáforos eran la batuta del director, el director seguramente eran los lunes, y solamente los pequeños accidentes entre algún peatón despistado y un conductor malhumorado advertían que realmente el tiempo seguía avanzando. No sé muy bien dónde. Volvió a pensar Matías. ¿Por qué habrá escogido este escenario? ¿Qué será lo que le gusta de este paisaje?

No la veía por ninguna parte. Chaqueta roja, chaqueta roja. Se repetía y le dolían los ojos de lo rápida que pasaba la vida frente a ellos. Como cuando intentas fijarte en el paisaje de cualquier viaje en tren. Las pupilas, nerviosas, intentaban en vano descubrir antes que él mismo una puñetera chaqueta de color rojo.

Paris je t'aime (12)

–¿Aún no ha aparecido?

–No, algo la debe de haber entretenido más de la cuenta. Suele ser puntual. No creo que tarde.

–¿Cómo sabe que es puntual si no se acuerda de su apariencia?

–Porque me lo dice antes de quedarme dormido. Cuando me dice cómo llegar hasta aquí.

–¿No es de aquí, usted?

–No, no soy de aquí. Vivo bastante más lejos. Pero es aquí donde nos encontramos cada noche.

–Pero no son más de las siete de la tarde.

–Le gusta cenar pronto. Quedamos a esta hora para que nos dé tiempo a hacer el amor más de mil veces.

–¿Más de mil? ¿Hace el amor con una mujer más de mil veces y no se acuerda de su cara? Eso no es de ser caballero.

Miró el reloj. Marcaba las 00:30. Sí, no tardará. No puede tardar. Suele acostarse a las 23:30. Y no estamos tan lejos. Matías se acordó de aquella vez en la que quedaron en Tokio. No les costó reconocerse, pese a no haberse visto nunca, debido a que les sacaban casi una cabeza a los japoneses. Recuerda y sonríe. ¿Qué tendrá este lugar que le gusta tanto? Volvió a fijarse. Los edificios, largos como serpientes a dos patas, ocultaban casi todo el cielo, que seguramente se sentía solo. Los humanos le estaban dando la espalda. Las luces ya estaban encendidas, y las farolas, dispuestas a lo largo de la avenida, creaban un juego de colores pastel e incitaban a bostezar o besar, en el caso de los enamorados. En ese momento vio a un tipo algo calvo y bastante feo bostezar. Iba cogido de una mujer de piernas largas. ¿Los enamorados bostezan? ¿Está ese hombre enamorado?

–¿Por que habéis quedado aquí? Es un sitio bastante deprimente–volvió a la carga el repartidor de papeletas.

–Le gusta este lugar y a mí ella.

–Pero no la conoce.

–La conoceré hoy. Y mañana. Y pasado. Y así toda la vida.

–¿Y para eso no hay que desconocerse primero?

–Sí. Por eso lleva un abrigo de color rojo.

–¿Y no le apena, desconocerla todos los días y tener que volver a empezar?

–Es que, sinceramente, creo que eso es lo que hacen las parejas que creen saberse al dedillo uno al otro. El amor es sustancia, ¿entiende? Y por eso está en constante cambio. Es inevitable. La conoces, te enamoras, la conoces más, te enamoras, y así hasta que llega a un punto en el que el proceso empieza a invertirse. Y en el peor de los finales terminas durmiendo con un ser totalmente desconocido.

–¿Y en el mejor de los casos?

–Te deja por otro más guapo.

El repartidor de papeletas se metió las últimas que no había sido capaz de repartir y se sentó a su lado en el banco. Parecía meditabundo. Matías se sacó un cigarro del bolsillo y se lo encendió mientras le tendía el paquete a su nuevo amigo, quien imitó sus mismos movimientos.

–Me paso el día repartiendo papeles a gente que ni siquiera me mira a los ojos. No suelen cogérmelos, algunos se sienten incluso molestos cuando les tiendo la mano. No sé que tienen los papeles que molestan a las personas. Y de los pocos que me hacen el favor de coger uno, lo tiran casi a mis pies. Es deprimente.

–¿Y por qué trabajas repartiendo?

–No lo sé. Tú me has puesto aquí.

–Tienes razón. Quizá me apetecía hablar con alguien mientras la espero.

–¿Y si no aparece?

Matías se quedó en silencio. ¿Y si no aparece? ¿y si no aparece? Es su sueño. No puede no aparecer. Pero ¿y si lo hace? ¿Y si decide no presentarse y me deja plantado aquí, en mitad de un sueño feo con un repartidor de papeletas impernitente?

–No creo. Siempre aparece. Y nos conocemos, como el primer día. Y cenamos pronto para poder hacernos el amor más de mil veces.

–¿No sería más fácil verse en la realidad? Frente a frente. Y dejarse de sueños.

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–Sería lo más fácil. Sí. Quizá tengas razón.

–Pero no lo hacéis.

–No. No lo hacemos.–Calada.–Es fácil. A nadie le gusta roncar en oídos ajenos.

–¿Qué quieres decir?

–Quiero decir que para querer hace falta algo de imaginación. Y mira qué feo es todo esto, joder.

–Es decir, que no va a aparecer.

–Seguramente no.

–Eso es porque no es la chica de sus sueños.

–Ni siquiera son estos mis sueños–dijo Matías mientras se levantaba.

Estaba empezando a llover.

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El mundo nos debe un viaje a Tailandia

Llevaba ya un buen rato esperando que pasara algo. Pero no pasaba nada. No sabía el qué. Pero quería que pasara algo. Fuera lo que fuere. Y no pasaba nada de nada de nada. Así que se pidió otra copa y se encendió otro cigarro y siguió esperando. Era medio día y ya iba un poco borracho. Pero muy poco. Lo suficiente como para seguir deseando algo. Que alguien sacara un bidón de gasolina y se incendiara en mitad de la calle para protestar contra alguna injusticia en boga o que anunciaran el final de la guerra si es que había empezado alguna. No leía los periódicos porque eran muy aburridos y mienten hasta en el parte meteorológico. Sobre todo en el parte meteorológico. Pensaba mientras apuraba la copa y la ceniza del pitillo cae al suelo y le mancha el pantalón. Salió a la calle y empezó a andar sin tener un rumbo fijo. No tenía nada fijo. Por no tener no tenía ni rumbo pero le daba igual. Joder qué aburridos somos. Pensaba. Y una niña en el carro sonríe mientras respira humo de los coches. El problema empieza cuando dejamos de sonreír como niños. Pensaba y le da lástima que la niña respire el humo de los coches. Pero sus padres hacen lo que pueden. Por lo menos no tenemos coches en mitad del salón. Solo en el salón de casa los niños pueden sonreír sin humo entre los dientes. Y parece que esa felicidad vaya a ser eterna. Qué mierda. Piensa y se deprime.

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-¿Quién?- Pregunta por el celular. Le llamaban poco y no tenía ni el número de su madre guardado en la agenda.
-¿Es usted el titular de la línea?
-No, lo cierto es que lo he robado hace poco. Casi me pilla en plena faena.
-Ha ganado usted un viaje a Tailandia para dos personas.-Dijo acostumbrada a los bromistas y consciente de que va a comisión.
-Joder qué bien. Nunca me toca nada. En el póquer siempre me despluman. No sé por qué, pero tengo muy mala suerte para el juego. Qué bien qué bien.
-La oferta…
– Una cosa ¿y si quiero ir yo dos veces en vez de una con otra persona? ¿Eso se puede hacer? Es que no tengo pareja. Tampoco se me da bien tener pareja y todo eso. Mierda de dicho ese de “afortunado en el amor, desafortunado en el juego”. Era algo así no sé. Pero menuda mierda. Al que se le ocurrió eso nunca le tocó un viaje a Tailandia.
-Señor, la normativa…
-Oiga, señorita. ¿Está soltera? Tiene una voz muy bonita. Me estoy poniendo malo.
-Disculpe señor…
-¿Le gusta el póquer? A mí me gusta. Pero no sé mentir. Por eso pierdo siempre. Una vez un tipo raro con cara de cabrón me ganó mucho dinero. Yo solo tenía un estúpido full y él una escalera de color de picas, pero me las di de sobrado. La gracia del póquer está en mentir aunque no tengas más de dos cartas iguales. Estuve una semana comiendo una miseria. Me desplumó el cabrón. Y todo porque no sé mentir. Señorita.
-Voy a colgar…
-¿Ya? No mujer. Yo que quería invitarla a Tailandia. Por una vez que gano algo y me va a colgar usted, señorita. Tiene la voz bonita. Ya se lo he dicho, ¿no? Me estoy poniendo malo.
-Sí… escuche tengo que colgar…
-No cuelgue. Sabe lo que pasa. Que lo único que está ocurriendo en el mundo ahora mismo es usted. Sí, ahora mismo siguen cayendo bombas en alguna parte y en alguna parte alguien ha heredado una fortuna. Pero realmente solo está ocurriendo usted. En el mundo, en MI mundo no existe nadie más, solo usted y yo y Tailandia. Joder qué aburrido es el mundo. Llevo ya un rato esperando que ocurra algo y no ocurre nada. Solo usted. Antes he visto una niña sonreír y el humo de los coches se le ha metido por la boca. Pobre. Aunque a ella le da igual y sigue sonriendo. Eso es lo bueno de ser niños. ¿No cree? Que nos da igual todo. Todos los niños sonríen como si les hubiera tocado un viaje a Tailandia. Así de felices son. Dígame, señorita ¿es usted feliz?
-Lo siento caballero. Pero no entiendo nada de lo que está diciendo.

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-Joder, claro que me entiende. Una niña que respira humo pero aún así sonríe porque por lo menos no le están cayendo bombas encima. Y crecer significa reconocerse sonriendo, saberse feliz o infeliz. Mierda. Crecer significa saborear el humo de los coches ¿Es usted feliz?
-Supongo que sí.
-Vaya, por eso va usted regalando viajes a Tailandia. Su voz es la voz de Peggy Lee. Pero no sé si usted conoce a Peggy Lee. ¿La conoce? ¿A Peggy Lee?
-No, lo siento. Escuche…
-Soy viejo. Cuando conoces un cantante que ya no conoce mucha gente es cuando te das cuenta de lo cerca que estás del cementerio. A mí que me quemen, señorita. Le invito a Tailandia. O a un café. Qué voz re Dios.

Peggy Lee colgó y se quedó hablando solo por el móvil. Mierda de ofertas. Qué fácil es adiestrar a una fiera hambrienta. Pensó y se miró la mancha del pantalón. Así no hay quien enamore. Dijo y se imaginó realmente enamorado de la señorita de la oferta a Tailandia. El amor es una resaca como otra cualquiera. Se convenció y se llenó los pulmones de cigarro. La niña que antes le había sonreído crecería sin conocer a Peggy Lee pero con humo de coches alrededor de la lengua y por toda la garganta. Pensó y entristeció. Ya no pinto nada aquí. Dijo y se imaginó en Tailandia. Allí pintaba menos pero por una vez en su vida había ganado algo y eso está bien. El mundo nos debe a todos un par de viajes a Tailandia. Pensó, y cansado de esperar algo de sí mismo y cansado de sí mismo al fin y al cabo, se sentó en un banco cualquiera de una calle bastante concurrida a esperar que ocurriera algo, fuera lo que fuera.

Fotografía banco de Bárbara Tráver