El extranjero

Reseña literaria escrita por Marina Kahlo

Camus, Albert. El extranjero. Emecé: 2007.

N.º de páginas: 160

Idioma original: francés.

Hay muchas formas de convertirse en extranjero. Un extranjero es tanto el japonés que le hace fotos a un trozo de tortilla de patatas como un estudiante que intenta vocalizar sus primeras palabras en otro idioma “pásame el rum”, como una persona sin papeles que reza todo lo que hay que rezar para que le vaya bien. Ser extranjero implica encontrarte lejos de tu hogar, estar rodeado de desconocidos a los que no les importa si te duele la barriga o si no sabes qué línea de metro es la que tienes que coger. Extranjero, para Camus, es sinónimo es soledad. Y la soledad es un sentimiento que arrastra el ser humano desde principios de siglo, en un mundo que avanza a la velocidad de la luz, donde lo material se está comiendo la sencillez de un abrazo y sale más rentable comprarle al niño un perro virtual. Sentirse abandonado, extranjero, está a la orden del día.

Meursault es el antihéroe del siglo XX, un hombre creado en la amargura que dan dos guerras mundiales y una pérdida fulminante de los valores. La ilusión y el idealismo de los que habitaban muchos mundos antes el Planeta Tierra es reemplazado por la pasividad, el escepticismo, la indiferencia. Y la existencia se convierte en algo ajeno a nosotros, en algo inevitable y aburrido, vivir es moverse mecánicamente por el tiempo.

En nuestra sociedad, un hombre que no llora en el funeral de su propia madre corre el peligro de ser sentenciado a muerte por la sociedad…

Albert Camus critica este pragmatismo hastiado de la existencia, con cierto nihilismo y sin ninguna muestra esperanzadora de una posible salvación o, por lo menos, mejora. El mundo en un lugar hostil, extraño, y hay que aceptarlo si no queremos sufrir más de lo necesario. Así es como lo entiende nuestro protagonista, un hombre normal y corriente que por circunstancias que no pienso contar para no estropearos el libro, se ve envuelto en un asesinato y su posterior juicio. Mersault tiene que defenderse pero ¿merece la pena?

Una historia que vale tanto por lo que dice, como por lo que calla y que te retumba en el espacio que queda entre oreja y oreja. Y es que, sin ser nada de eso, termina convirtiéndose en un grito de socorro, de alerta, achtung, por el rumbo que está tomando nuestro papel en el mundo.

De A para X. Una historia de cartas

Reseña literaria escrita por Marina Kahlo.

Berger, John. De A para X. Madrid: Alfaguara. 2008.

Traducción Pilar Vázquez

Idioma original inglés.

Ya esté sentada o de pie, parece que mira al mundo desde el balcón. Hacía mucho tiempo que no la veía, y sigue contando las mismas historias imposibles de siempre.

Recibir cartas de amor por correo convencional, escritas del puño y letra del enamorado en cuestión, incluso perfumada si el amante es más bien cursi, forma parte del pasado. Sin embargo, nuestros antepasados y los antepasados de nuestros antepasados, (los dinosaurios), bien sabían lo que era morderse las uñas frente al buzón cada día y escribir en el silencio más absoluto de la noche, hoy en día solamente comparable a los intermedios sin voz en mitad de una serie televisiva, palabras que jamás pronunciarías en voz alta, y mucho menos sin ponerte colorado. En la novela de A para X, A’ida se encarga de leernos en voz bajita las cartas que le escribe durante años a X’avier, un insurgente condenado a cadena perpetua por su ideología. En ellas, la inevitable protagonista se dedica a describirle a su amado la libertad de la que ha sido privada mediante la descripción de su día a día. Y así, la felicidad es mojarse los pies en una palangana y limpiar alubias y hablar con el vecino y ayudar a un diabético con bajón de tensión. Berger consigue meterse en la piel de una mujer que sufre la ausencia de un novio encarcelado de por vida. En los tiempos de guerra el amor es el que más sufre, pero también el que mejor sobrevive. Y el amor imposible de los dos personajes es una muestra más que evidente de que al final siempre vence lo que no mata.

Bajo esta terrible y apasionante historia de amor la política, la reivindicación y las injusticias toman protagonismo. Una lucha anónima de personajes que sufren la represión más física que mental, pues su espíritu es de roca. Y la sangre que sabe esperar también sabe ser roca. Duele estar en el mundo. Lo sé.

Entre las eternas preguntas sin respuestas que el ser humano parece aficionado a cuestionarse sobre todo los domingos lluviosos está la de si existe o no el amor eterno, a veces mediante metáforas cítricas como la media naranja, que no termino de entender, aunque ahora eso no es lo importante. ¿Es posible amar toda la vida a una misma persona? Y de ser así, ¿es posible hacerlo con el mismo fervor? Eso es lo que parece, a juzgar por las casi 200 páginas en las que, a través de un lírico carteo A’ida y X’avier se desean y se añoran y no se abandonan a la distancia ni al tiempo. Un tiempo infinito si se compara con la caducidad del cuerpo humano. Y es que vivimos rápido porque nos queda mucho por hacer. Cada vez cuesta más sentarse a contemplar ya no la vida entera, sino un atardecer cualquiera y ni hablar de contemplarse a uno mismo ya no en el mundo entero, sino en cualquier habitación de la casa. Se ha perdido el valor de no evitarse a uno mismo.

Lo efímero no es lo opuesto a lo eterno. Lo opuesto a lo eterno es lo olvidado… Así es como nos explica Berger que quizá el olvido al que relegamos lo difícil por el hecho de ser eso, difícil, y que solemos disculpar o esconder bajo el término de destino, no es sino la mejor de las excusas que hemos sido capaces de inventar (después de la metáfora de las medias naranjas). Quizá es que un beso en mitad de un campo de batalla es más beso y que sea como sea, todos necesitamos de vez en cuando un poco de épica. Porque al amor, cualquier tipo de amor, le encantan las repeticiones, porque desafían al tiempo. Como lo hacemos tú y yo. A’ida y X’avier nos recuerdan justamente eso.